jueves, 20 de enero de 2011

La belleza de configurar un espacio II

¡Buenas!

¡Aquí Vilocastrador con su segunda entrega de tochos teóricoarquitectónicos! jajaja
Tras aprenderme una cancioncilla con la guitarra y medio verme la letra en plan bohemio, me dispongo a escribir algo, que solo llevo un tocho y necesito mássssss despliegue de mis ideas, aunque creo que el mayor rendimiento de cada arquierecto ha salido a flote en los debates por comentario. ¡Legendario!

Bien, como sabéis, mi postura es completamente clara: la esencia de la Arquitectura es la búsqueda de la belleza, de un significado, etc, pero la belleza esencialmente. O así debería ser siempre, ya que un arte siempre debe buscar la admiración de los demás, y esa admiración obviamente viene de una falta de indiferencia cuando se ve algo que realmente deslumbra.

He desaprendido algo de lo que tenía en mente la primera vez que escribí en este gran blog, sin faltar a mis principios, pero sí apoderándome de algunas de las ideas de mis grandes colegas arquierectos, y adaptándolas a mi pensamiento. Poco a poco creo que nos acabamos uniendo, vamos captando un modo de ver la Arquitectura entre nosotros, cada vez más complejo, más extenso y a la vez más inteligible para cualquiera. Todo lo que hablamos está en conflicto, pero también en una muy estrecha relación.
Hoy, esta noche, quiero hablar de un tema que unifica casi todas las cosas que se han debatido aquí, y ese tema es la habitabilidad.

Hace poco, concretamente la última clase de historia (14-1-2011), estuve hablando con nuestro Maestro Sáseta (se recuerda toque Star Wars xD) acerca de lo confortable, lo cómodo y lo bello para el interior de la casa. En algunas cosas no conseguí ponerme de acuerdo con él, ya que mi visión quizás fue un tanto utópica, pero en otras cosas conseguí una mueca de OK, que, la verdad
me motivó bastante, jaja. Lo que yo vine a decir fue, que cuando estamos en un hogar, en un sitio donde estamos viviendo, un edificio, valoramos mucho lo que nos protege y resguarda.
Nuestras casas son nuestros lugares sagrados, son lo que realmente nos protege, es nuestro espacio, lo necesitamos y no solo para tener un techo para dormir, es algo psicológico. En otras culturas las casas llegan a ser mucho más sagradas que en la nuestra, hasta el punto de convertirse en lo que para los católicos es una iglesia o una mezquita para los musulmanes.
Esto no es en vano, es muy importante tener algo que nos acoja.

Ya que es importante tener este espacio, también será importante cómo nos sintamos dentro de él. Aquí es donde entran al juego la originalidad de cada casa, la funcionalidad de la casa o la antifuncionalidad (existen casas desordenadas y eso puede llegar a causar cercanía, familiaridad), la belleza, la ornamentación... Para mí, lo más bello que puede tener un hogar es la originalidad del mismo, y que esa originalidad esté adaptada a tus costumbres y las de los que viven contigo. A la vez esas costumbres dan lugar a formas, a una funcionalidad, a una rutina del hogar. Y el desorden da lugar a una cantidad de objetos, de enseres, que inmediatamente cobran el papel de ornamento. Como todas las personas son diferentes, las familias o habitantes de una misma casa lo serán aun más, y por ello cada casa será un mundo distinto. ¿Qué es mejor, tener una casa diáfana, con el mobiliario dejando grandes espacios, sin colores cálidos, o combinaciones agradables y familiares de colores, algún que otro defecto humano perpetuo en la sala de estar (siempre hay algo desordenado), o una casa que sea todo lo contrario?
Obviamente, cuando nos paramos a pensar en una casa ideal, pensamos en una casa moldeada por completo por sus habitantes, adaptada perfectamente a ellos. Esa es la belleza de un hogar.

Hasta aquí, la opinión de cualquier viandante, ahora metámonos en el papel del arquitecto.
¿Qué tendrá pues que hacer el arquitecto para conseguir la casa ideal? Es algo muy difícil, incluso utópico, conseguir un acuerdo perfecto entre cliente y arquitecto, pero sí se puede hacer un esfuerzo. La belleza que pueda tener el edificio por fuera, el modo de expresión de esa casa, después de todo, está en tus manos, y tienes que intentar siempre que sea lo más agradable posible. Cuando ves una casa bonita, obviamente pensarás mejor de los que hay dentro, que cuando ves una casa desconcertante o de un mal gusto incuestionable. La belleza aquí puede jugar el papel de mensajera, puede ser el lenguaje de tu edificio.
Y ahora, pensemos... funcionalidad de la casa. ¿Qué podemos hacer, nosotros ingenuos y puñeteros arquitectos, para satisfacer en modo standard las necesidades de las personas?
HMMM, difícil pregunta, pero me atrevería a responder con que lo necesario es un acuerdo previo que pueda servir de guía para después darte tu rienda suelta dentro de esos márgenes. Los márgenes, hoy en día, serán sostenibilidad y flexibilidad. La flexibilidad es lo que permitirá a la gente que habite ese edificio hacer lo que les salga del alma. (léase Casa Collage, un libro cojonudo, o pedir a Figueroa, Mortero, Arévalo, o Vilocastrador el magnánimo los resumenes). Si el edificio no es guerrillero con el habitante, el habitante no será enemigo del edificio y por tanto tú, arquitecto, no habrás fracasado en ese sentido.



Al final he mareado la perdiz pero bueno aquí supongo que se harán muchos comentarios y sacaremos cosas en claro. Viva la arquierectura.

Saludos,
Vilocastrador

4 comentarios:

  1. Creo que no se podia haber hecho nada mejor, simplemente sublime...porque aunque tengamos temas contrarios, he llegado a la misma conclusion: no se puede hacer funcionalidad sin ornamento y ornamento sin funcionalidad.
    AWASOME

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  2. Ooohhh que tierno, los polos opuestos se alían.
    Te amo Hiniesta jajajaja

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  3. Al final sí vamos a llegar a un acuerdo...esto se pone más que interesante.

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